La intrincada mente de Jhonathan Nolan (hermano de Cristopher)

Memento es una película de Cristopher Nolan, que al igual que Shutter Island de Martin Scorsese, me hizo sentir tan sumergida en el rol de sus protagonista principal, que me sentí “tan engañada como al personaje de la historia”. No es sino hasta el final que te das cuenta, en el mejor de los casos, que la historia tiene un sentido opuesto al que imaginaste todo el rato. Para muchos es preciso, verla con detenimiento más de una vez, fue mi caso.

Debo aclarar en este momento que esta entrada pierde efecto para quienes no hayan visto esta maravillosa obra de Nolan, pues la intención esta vez, no es describir el argumento sino entrever qué hay detrás de él.

Sin duda, en esta película existe una isotopía marcada en torno a la venganza y la manipulación; terminamos de entender en algún momento que Leonard se manipula a sí mismo para lograr la venganza (que no es más que la razón que motoriza su vida, sea quien sea el sujeto de dicha venganza) en contra del asesino de su esposa, las dos veces inclusive, y la venganza en contra de Teddy, quien lo manipuló para que vengara la muerte de su esposa por segunda vez.

Teddy y Natalie logran, manipulando a Leonard, que el satisfaga sus intereses; e de Teddy matar a Jimmy Grants y el de Natalie que se deshiciera de Dobb, a diferencia de Teddy, Natalie devuelve el favor a Loenard, haciendo que este recuerde que “debe” matar a Teddy porque lo está utilizando, ¡como si ella no!  En fin, todo una enrollada trama a la que se le suma el hecho de que no está siendo narrada con una secuencia cronológica coherente. Una magnífca combinación de flasbacks y flash forwards te devanan los sesos lentamente.

La presencia de música no es algo que vayas a encontrar en esta pieza, las secuencias, diálogos y en general el hilo conductor son tan intrincados que es preciso fijarse con mucho detenimiento en los detalles visuales (que también “esconden” varias pistas) y los diálogos que ocurren entre los personajes.

Asumimos que las actividades asociadas a la vida humana como comer y bañarse entre otras cosas pertenecen a ese segmento de elementos diegéticos que no están expresados en la narrativa ni estén demostrados en las acciones, estas sólo desviarían la atención a elementos irrelevantes de la historia, que ya bastante difícil de entender está.

La modelización de esta película se corresponde más con elementos abstractos que figurativos, pues constantemente construyen situaciones a partir de palabras (los tatuajes y mensajes de Leonard) y no de imágenes que puedan explicar por sí solas el por qué de lo que acontece, aunado a esto, el modelo goza de mucho dinamismo pues casi todas las escenas hasta el final, reclaman otra escena o acción para poder entenderlo.

Los códigos sub, supra e intrafílmicos utilizados y sugeridos por Nolan en su creación también se las traen. Es decir, los códigos subfílmicos, que son aquellos paradigmas que llevamos en nuestras mentes antes de ver la película, requieren de un entendimiento que no les es propio a tooodas las personas, pues hace falta un poco de madurez para entender que los problemas psicológicos, las neurosis y otras afecciones de este tipo, pueden jugar un papel determinante en el comportamiento y conducta humana, y que es tan fuerte que pueden inducir al asesinato, al autoengaño, al auto sabotaje, entre otras cosas bastante peligrosas.

Los códigos suprafílmicos utilizados en la historia se corresponden con aquello que permite que el espectador se conecte y encuentre sentido son limpiamente ejecutados, pues considero que resulta fácil despertar empatía con un hombre que sufre la pérdida de su ser más querido y todas las emociones que eso implica.

Por si fuera poco entonces, los códigos intrafílmicos, es decir el movimiento que hay dentro de la película es todo un “arroz con mango” de atrás para adelante y viceversa. En otras palabras muestran el estado realizado del actor antes del actualizado, con una mezcla bastante difusa entre las relaciones virtuales y reales que sólo me hacen concluir con que Memento es sólo para detallistas e inteligentes 🙂

El tiempo y el espacio de otros

 

La película Los Otros de Alejandro Amenábar, uno de mis directores favoritos, con esta película no me decepcionó, de hecho, luego de 14 años de haberla visto por primera vez es una de las pocas que puedo repetir, a pesar de que lo magnífico de esta pieza esté asociado al desconocimiento absoluto del final.

Amenábar, hace en esta película un uso extraordinario y creativo de la temporalidad y el espacio, que son capaces de jugar una especie de engaño con el espectador y le hace recrear en cuestión de segundos (casi al final de la película) una historia totalmente distinta a la que uno se va haciendo desde el principio de esta.

El orden de las relaciones temporales, son las que proporcionan esa sensación de haber sido engañados por esta película, pues normalmente el cine y las historias en general, siguen un orden cronológico coherente, como sucede en la realidad.

Al narrar una historia omitiendo detalles tan importantes (como el hecho de estar vivos o muertos, en este caso) y sólo revelarlos al final, se induce al espectador a formar ideas desde el punto de vista de quien está siendo engañado en la película. Bueno, digamos que no engañados, sino ignorantes de algo tan “simple” como eso de saber si un personaje está con vida o es una suerte de fantasma o alma en pena vagando por espacios físicos de manera etérea.

Esta película demuestra además una combinación bastante difusa entre el tiempo diegético y el tiempo que está siendo representado en el plano, por lo cual se logra con limpieza  este engaño del que les he estado escribiendo. Es como si al finalizar la película uno se enterase de condiciones inherentes a los personajes, que de haber sido contadas desde un principio, el transcurso de la historia habría sido asumido de manera totalmente distinta.

En lo personal, una excelente obra y un auténtico logro de la manipulación del tiempo y el espacio, con excelentes resultados.

Una experiencia sonora que trasciende a los tiempos modernos

Tiempos modernos de Charles Chaplin, para mí,  es sin duda una magnífica experiencia sonora; cada uno de los sonidos han sido meticulosamente creados para exaltar emociones específicas, que van perfectamente combinadas con imágenes (precisas) que evocan, casi sin error, la activación de neurotransmisores, paradigmas mentales y asociaciones cognitivas, que a su vez hacen que una persona “entienda” una película sin que en esta se emita palabra alguna.

Toda esta rebuscada introducción es el mínimo esfuerzo que, en lo personal,  considero indicado para escribir sobre el cine mudo/sonoro.  Sin duda es para mí un absoluto desafío dentro de una sociedad que ha estado acostumbrada durante unos cuantos siglos a comunicarse y “entenderse”, “hablándose” y “oyéndose” “tanto”.

No quiero decir con esto que el cine hablado no implique altísimos niveles de creatividad y genialidad, sino que, incluso este tipo de cine permite que los caprichos de la musicalización se presenten en alguna que otra película, las he visto. En realidad lo que deseo resaltar con esto, es que cuando la música y los efectos sonoros son pensados como el lenguaje narrativo de una obra del cine y no sólo como un elemento que proyecta primordialmente sensaciones, son implicados algunos esfuerzos adicionales en esta dimensión de la película.

Por eso, pensar en términos sonoros y no lingüísticos, creo que fue lo mejor del cine protagonizado por Charles Chaplin. Este sujeto color papel de marcadas facciones y grandes ojos, maneja la expresión de la manera más sublime y versátil que jamás haya visto (aunque sea en películas). Logró hacerme reír sola tanto rato, que mi mamá vino hasta la sala a ver qué me estaba pasando, aunque paradójicamente se trata de una película de los años 30 que refleja el estrés asociado al advenimiento del desarrollo industrial, la producción en serie, los bajos salarios, el capitalismo, la opresión, el hambre, la pobreza y la injusticia social.

Aunque de eso hay muchísima tela que cortar, no es la intención principal de esta entrada; por lo contrario, se trata de una pieza tan bien lograda, que considero digna de analizar en términos de composición y no de contenido.

Y como comentaba antes, respecto el éxtasis sonoro que implica esta película debo resaltar que aunque para ese entonces se trataba de un asunto de limitaciones y carencias técnicas, prefiero seguir pensando que el trabajón asociado a esta creación, posee mayor valor que la historia por sí sola. De repente en aquél entonces, por la depresión, los espectadores sintieron mayor fijación en aquella sátira de su realidad que en sus maravillosos elementos auditivos.

Pero estos “tiempos modernos”, aunque mantienen muchos de los rasgos de “aquellos tiempos modernos”, nos permite abstraernos de algunas realidades y dejarnos disfrutar de una película y sus artilugios sonoros.

El uso de la música en esta película hizo que pudiera sentirse cuando “Charlot” estaba apurado, en peligro, enamorado, trabajando, discutiendo, engañando y más… por su parte los efectos de sonido daban vida desde las grandes maquinarias que eran operadas por los trabajadores de la industria y los carros de policía hasta los pasos y la algarabía de las manifestaciones callejeras que fueron presentadas en el filme. Por su parte los escasos silencios determinaron una película de gran dinamismo que no deja chance para aburrirse, dormirse o distraerse.

¿Importa si la tienes o no?

Análisis del corto: La tengo no la tengo de los hermanos Klein

Una producción audiovisual juvenil, desarrollada en una ciudad venezolana como la que tenemos hoy, demuestra mediante situaciones superfluas, los valores personales e interpersonales en torno a la vida, me atrevería a decir que, de todos los que pasamos por la etapa del furor hormonal, la juventud.

El sexo casual y el consumo de alcohol, entre otras cosas,  son hábitos tan regulares que ya son considerados normales en gran parte de los encuentros juveniles de hoy. Esta nueva sociedad ha asumido estas prácticas como parte de su cultura, motivo por el cual para hacer una producción audiovisual que se ajuste a la realidad, obviamente “deben” incluirse escenas con fiestas y encuentros en los que el alcohol está por doquier y en el que el sexo con desconocidos es tan normal como el simple hecho de asistir a la fiesta.

Como parte de la trama, dentro de esa juventud libidinosa, desinhibida e irreverente, se encuentra la existencia de un joven, que a pesar de  ser diferente a sus amigos, por el hecho de asumirse como un muchacho sensible, cursi, respetuoso y querendón, sucumbe ante la presión de sus amigos, quienes por los atributos mencionados le consideraban un “huevón”, involucrándose en el juego sexual de llevar a la cama a una chica desconocida, en parte para desquitarse de la ex novia que horas antes le había dejado por otro.

Veámoslo así:

  • La novia deja al novio (protagonista) por otro.
  • El novio abandonado luego de sentirse mal durante escaso tiempo busca tener sexo con una chica desconocida.
  • La chica desconocida luego de rechazarlo, a escaso tiempo lo llama para acceder a la invitación sexual del muchacho.
  • La ex novia a escaso tiempo abandona al nuevo novio y busca al antiguo novio para decirle que lo quiere de nuevo.
  • Todo ocurre por supuesto bajo la estresante presión de los amigos del muchacho, para que aproveche la “partida doble”

Un esbozo de esta trama, al menos a mí, me dice varias cosas, pero en la que deseo hacer énfasis es en la inestabilidad de las relaciones afectivas entre los jóvenes, que quizás no difiera mucho a la realidad de los más adultos, pero que en este caso específico eso resulta harina de otro costal.

Así es nuestra juventud, una juventud que en su mayoría rechaza el apego y los valores de la fidelidad, pues encima de ellos colocan de manera natural y sin remordimientos el coctel hormonal que sus cuerpos deseosos irremediablemente producen. Se tiene además la idea de que no se puede estar sól@, siempre se busca la compañía aunque eso implique tener que volver a una relación que por voluntad propia se “decidió” romper.

Vivimos en una actualidad en la que las relaciones interpersonales son cada vez más frágiles, el respeto, la decencia, la autoestima, la autovaloración y el respeto por sí mismos son cuestionables en comparación a épocas anteriores y eso se evidencia en nuestras formas de relacionarnos desde que somos jóvenes, pues son el reflejo de lo que como antes mencionaba hemos asumido como cultura.

Considero que lo más importante resulta ver cómo los padres, sin importar la época, son el referente inmediato por excelencia que tienen a disposición, en el mejor de los casos, los jóvenes. Pues en el momento en el que el joven decide deslastrarse de todo “el rollo” y confronta la realidad con honestidad, al mismo tiempo que culpa a su padre de sus conductas, refleja lo que mencionaba sobre los padres como principal referente de los hijos.

Revisar el núcleo familiar en respuesta, o mejor dicho en resistencia, al modelo cultural y de relación que manejan los jóvenes hoy día, resultaría provechoso, pues la rapidez con la que el ser humano actual va asumiendo la vida, trae consigo numerosas situaciones no deseadas, llámese embarazo precoz, enfermedades venéreas y unos que otros corazones rotos.

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