Una experiencia sonora que trasciende a los tiempos modernos

Tiempos modernos de Charles Chaplin, para mí,  es sin duda una magnífica experiencia sonora; cada uno de los sonidos han sido meticulosamente creados para exaltar emociones específicas, que van perfectamente combinadas con imágenes (precisas) que evocan, casi sin error, la activación de neurotransmisores, paradigmas mentales y asociaciones cognitivas, que a su vez hacen que una persona “entienda” una película sin que en esta se emita palabra alguna.

Toda esta rebuscada introducción es el mínimo esfuerzo que, en lo personal,  considero indicado para escribir sobre el cine mudo/sonoro.  Sin duda es para mí un absoluto desafío dentro de una sociedad que ha estado acostumbrada durante unos cuantos siglos a comunicarse y “entenderse”, “hablándose” y “oyéndose” “tanto”.

No quiero decir con esto que el cine hablado no implique altísimos niveles de creatividad y genialidad, sino que, incluso este tipo de cine permite que los caprichos de la musicalización se presenten en alguna que otra película, las he visto. En realidad lo que deseo resaltar con esto, es que cuando la música y los efectos sonoros son pensados como el lenguaje narrativo de una obra del cine y no sólo como un elemento que proyecta primordialmente sensaciones, son implicados algunos esfuerzos adicionales en esta dimensión de la película.

Por eso, pensar en términos sonoros y no lingüísticos, creo que fue lo mejor del cine protagonizado por Charles Chaplin. Este sujeto color papel de marcadas facciones y grandes ojos, maneja la expresión de la manera más sublime y versátil que jamás haya visto (aunque sea en películas). Logró hacerme reír sola tanto rato, que mi mamá vino hasta la sala a ver qué me estaba pasando, aunque paradójicamente se trata de una película de los años 30 que refleja el estrés asociado al advenimiento del desarrollo industrial, la producción en serie, los bajos salarios, el capitalismo, la opresión, el hambre, la pobreza y la injusticia social.

Aunque de eso hay muchísima tela que cortar, no es la intención principal de esta entrada; por lo contrario, se trata de una pieza tan bien lograda, que considero digna de analizar en términos de composición y no de contenido.

Y como comentaba antes, respecto el éxtasis sonoro que implica esta película debo resaltar que aunque para ese entonces se trataba de un asunto de limitaciones y carencias técnicas, prefiero seguir pensando que el trabajón asociado a esta creación, posee mayor valor que la historia por sí sola. De repente en aquél entonces, por la depresión, los espectadores sintieron mayor fijación en aquella sátira de su realidad que en sus maravillosos elementos auditivos.

Pero estos “tiempos modernos”, aunque mantienen muchos de los rasgos de “aquellos tiempos modernos”, nos permite abstraernos de algunas realidades y dejarnos disfrutar de una película y sus artilugios sonoros.

El uso de la música en esta película hizo que pudiera sentirse cuando “Charlot” estaba apurado, en peligro, enamorado, trabajando, discutiendo, engañando y más… por su parte los efectos de sonido daban vida desde las grandes maquinarias que eran operadas por los trabajadores de la industria y los carros de policía hasta los pasos y la algarabía de las manifestaciones callejeras que fueron presentadas en el filme. Por su parte los escasos silencios determinaron una película de gran dinamismo que no deja chance para aburrirse, dormirse o distraerse.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *