¿Importa si la tienes o no?

Análisis del corto: La tengo no la tengo de los hermanos Klein

Una producción audiovisual juvenil, desarrollada en una ciudad venezolana como la que tenemos hoy, demuestra mediante situaciones superfluas, los valores personales e interpersonales en torno a la vida, me atrevería a decir que, de todos los que pasamos por la etapa del furor hormonal, la juventud.

El sexo casual y el consumo de alcohol, entre otras cosas,  son hábitos tan regulares que ya son considerados normales en gran parte de los encuentros juveniles de hoy. Esta nueva sociedad ha asumido estas prácticas como parte de su cultura, motivo por el cual para hacer una producción audiovisual que se ajuste a la realidad, obviamente “deben” incluirse escenas con fiestas y encuentros en los que el alcohol está por doquier y en el que el sexo con desconocidos es tan normal como el simple hecho de asistir a la fiesta.

Como parte de la trama, dentro de esa juventud libidinosa, desinhibida e irreverente, se encuentra la existencia de un joven, que a pesar de  ser diferente a sus amigos, por el hecho de asumirse como un muchacho sensible, cursi, respetuoso y querendón, sucumbe ante la presión de sus amigos, quienes por los atributos mencionados le consideraban un “huevón”, involucrándose en el juego sexual de llevar a la cama a una chica desconocida, en parte para desquitarse de la ex novia que horas antes le había dejado por otro.

Veámoslo así:

  • La novia deja al novio (protagonista) por otro.
  • El novio abandonado luego de sentirse mal durante escaso tiempo busca tener sexo con una chica desconocida.
  • La chica desconocida luego de rechazarlo, a escaso tiempo lo llama para acceder a la invitación sexual del muchacho.
  • La ex novia a escaso tiempo abandona al nuevo novio y busca al antiguo novio para decirle que lo quiere de nuevo.
  • Todo ocurre por supuesto bajo la estresante presión de los amigos del muchacho, para que aproveche la “partida doble”

Un esbozo de esta trama, al menos a mí, me dice varias cosas, pero en la que deseo hacer énfasis es en la inestabilidad de las relaciones afectivas entre los jóvenes, que quizás no difiera mucho a la realidad de los más adultos, pero que en este caso específico eso resulta harina de otro costal.

Así es nuestra juventud, una juventud que en su mayoría rechaza el apego y los valores de la fidelidad, pues encima de ellos colocan de manera natural y sin remordimientos el coctel hormonal que sus cuerpos deseosos irremediablemente producen. Se tiene además la idea de que no se puede estar sól@, siempre se busca la compañía aunque eso implique tener que volver a una relación que por voluntad propia se “decidió” romper.

Vivimos en una actualidad en la que las relaciones interpersonales son cada vez más frágiles, el respeto, la decencia, la autoestima, la autovaloración y el respeto por sí mismos son cuestionables en comparación a épocas anteriores y eso se evidencia en nuestras formas de relacionarnos desde que somos jóvenes, pues son el reflejo de lo que como antes mencionaba hemos asumido como cultura.

Considero que lo más importante resulta ver cómo los padres, sin importar la época, son el referente inmediato por excelencia que tienen a disposición, en el mejor de los casos, los jóvenes. Pues en el momento en el que el joven decide deslastrarse de todo “el rollo” y confronta la realidad con honestidad, al mismo tiempo que culpa a su padre de sus conductas, refleja lo que mencionaba sobre los padres como principal referente de los hijos.

Revisar el núcleo familiar en respuesta, o mejor dicho en resistencia, al modelo cultural y de relación que manejan los jóvenes hoy día, resultaría provechoso, pues la rapidez con la que el ser humano actual va asumiendo la vida, trae consigo numerosas situaciones no deseadas, llámese embarazo precoz, enfermedades venéreas y unos que otros corazones rotos.

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